Actualidad

Loading...

lunes, 13 de febrero de 2012

LA CRISIS FINANCIERA: DE LAS SUBPRIME AL FALSO FONDO DE LAS CAJAS DE AHORRO


Con el nuevo día el mundo se despierta sudoroso tras un mal sueño para alzar la cabeza  y  descubrir con sorpresa que el monstruo continua ahí, meciéndose impasivo, sin hacer el menor amago por  marcharse. Desde que empezara en 2008, el mundo ha dado por sentado tantas veces que  el final de la crisis estaba próximo  que hemos acabado por olvidar su origen ante la saturación de información que cargamos encima, demasiado ruido, demasiadas distracciones.


La aldea global de grandes aspavientos en la que se ha convertido nuestro planeta no se puede permitir aminorar su velocidad, no se da lugar a los análisis, ni a las reflexiones, lo único que se autoriza  es a  saltar el obstáculo y a continuar como si nada. La información es abundante, excesiva, tanto que nos ha narcotizado. En los primeros meses de la crisis económica algunos analistas financieros –siempre en liza por alzar su opinión sobre su gremio- mantuvieron el discurso de que esta sería una crisis global en V, es decir gran bajada y rápido repunte, lo que todos queríamos oír.

El tiempo ha demostrado su error,  esta crisis como poco será  en W, gran bajada, repunte, bajada y quizás subida final. El mundo se habría ahorrado este y otros equívocos si se hubiera dado crédito a aquellos, como el profesor de la universidad de New York Nouriel Roubini, que ya hace dos años –cuando muchos creían vislumbrar brotes verdes-  alertaba de la inminente w.

“Después de la recesión de 2008-2009, la economía global ha sido sostenida por unos masivos estímulos monetarios y fiscales y por el rescate del sistema financiero, la economía se encamina a una fuerte desaceleración este año cuando el efecto de estas medidas se empezará a desvanecer”

Sostienen algunos, que los historiadores de economía solo son capaces de atisbar soluciones cuando ven las crisis con perspectiva. No obstante, parece más bien que solo dejamos alzarse a aquellas opiniones que van acorde con lo que queremos escuchar. Es el llamado periodismo de convalidación, la información que queremos oír.

 En este articulo tratare de diseccionar el origen de la crisis   –aunque parezca mentira, la gran mayoría de ciudadanos nunca ha alcanzado a comprender su origen, o se han visto tan saturados que a día de hoy no puede juntar todas las piezas-, para finalmente centrarme en el devenir de nuestro sistema financiero, que a pesar de su teórica “robustez” ha acabado por revelarse gangrenado casi por completo.

 El caso de las cajas de ahorro es el máximo exponente de esa cultura del “todo va bien”, hasta que todo salta en añicos y entonces, tan bien con impostada calma, el responsable de turno anuncia a través de sofisticados eufemismos la situación real. Tras la intervención en marzo de 2009 de la CCM,  entremezcladas con las noticias playeras, se precipitaron los procesos de fusiones que desarrollaron la llamada reforma financiera, la mayor restructuración de nuestro país. En lo furtivo del verano, los ahorros de los ciudadanos pasaron de entidad en entidad como si tal,  sin explicarnos las consecuencias sociales que puede tener la reducción del sistema autonómico de las  cajas de ahorro.

El genesis: La crisis financiera estadounidense de 2008

Hasta que la bruma se disperse y se pueda cuestionar lo contrario, EEUU es la mayor y más influyente economía del mundo desde finales de la II Guerra mundial hasta hoy. Se dice que cada gripe suya se convierte en una pulmonía para el resto del mundo. En 2008 al gigante americano le fue diagnosticada una pulmonía: la crisis de las hipotecas suprime.

La crónica de su gestación es otro escarceo más del capitalismo con la avaricia. En EEUU existen entidades de financiación, que no bancos, que se dedican a conceder un tipo de préstamos llamados subprime  -el prestatario tiene unas condiciones fuera de lo que una entidad bancaria “normal” aceptaría , debido a sus circunstancias económicas-, su beneficio está en que aplican una tasa de interés superior a la del mercado. Esta clase de préstamo es propicio cuando los bancos centrales han rebajado en exceso los tipos de interés –a raíz de los atentados del 11 de Septiembre, para enfriar la incertidumbre, se realizaron una serie de bajadas prolongadas-.

Se trata de un círculo vicioso y rentable, las entidades financieras, a un interés por encima del mercado, conceden hipotecas a personas que casi por seguro no podrán hacer frente a los pagos.  Cuando el prestatario deja de pagar -al no existir avales en este tipo de crédito-  pierden la casa,  pero  la deuda queda subsanada. La transacción es muy rentable para las entidades, el negocio está en que el prestatario pierde el dinero pagado y la casa vuelve a estar disponible para su venta -de hecho era frecuente que la gente cancelara las hipotecas para meterse en otras nuevas, o para usarlas de puentes-. La rentabilidad era tal, que las grandes firmas de inversión las utilizan para ofrecer a los inversores (a través de fondos de inversión, planes de pensiones, etc).

Como ocurre en estos casos, todo terminó por derivar en una monstruosa e inestable burbuja: la inmobiliaria y por ente la financiera -en la última década Walt Streat gracias a los bajos tipos de interés doblara sus bonificaciones y su volumen de negocio-.

Sin embargo, en 2004 algo cambio,  la Reserva Federal  empezó a subir los tipos de nuevo –en dos años pasó del 1% al 5,25%-, llevándose consigo al pez que se muerde la cola. El crecimiento del precio de la vivienda comenzó a mostrar síntomas de fatiga, los prestatarios  devolvían las casas, pero por el elevado precio del dinero  eran incapaces de meterse en otra hipoteca.  El mercado hipotecario se saturó,  y las entidades financieras  no encontraban  salida para las casas, que cada vez les devolvían en mayor proporción.

Las ejecuciones hipotecarias debidas al impago de la deuda llegaron a niveles insostenibles, tales que empezaron a comprometer  la liquidez de las entidades financieras que  a su vez se veían incapaces de devolver el dinero a los inversores. El total de ejecuciones hipotecarias del año 2006 ascendió a 1.200.000, lo que llevó a la quiebra a medio centenar de entidades hipotecarias.

No obstante, el verdadero monstruo aun no se había alzado.  Para el 2006, la crisis inmobiliaria se  trasladó a la Bolsa: el índice bursátil de la construcción estadounidense  cayó un 40%. El sector financiero empezaba a oír los gritos, pero no estaba dispuesta a recibir el golpe con la panza vacía.

Como ya he mencionado, las hipotecas subprime eran un negocio tan lucrativo que era ofrecido a firmas de inversión de la entidad de Lehman Brother entre otras. Cuando estas comenzaron a sospechar del derrumbamiento del negocio de las subprime, se precipitaron en desbandada a desprenderse de los activos tóxicos mientras aquellos que no pudieron endosar el golpe, iban presentando las primeras  quiebras. Así en 2007, el 18 julio quiebran dos fondos de inversión del banco estadounidense Bear Stearns, el 2 de agosto la firma Blackstone hace lo propio,  el 22 agosto First Magnus Financial –en este caso una empresa  de financiación hipotecaria- presenta la quiebra.

Para entonces, el problema fundamental es la falta de liquidez. Las entidades de financiación, las firmas de inversión y los bancos se ven incapaces de desprenderse de los activos tóxicos, y lo que es más grave, nadie se fía de nadie. Ninguna entidad está dispuesta a anunciar a bombo y platillo con cuantos activos de hipotecas subprime cuenta, y ninguna se arriesga a prestar liquidez a las demás ante el temor de que no sea capaz de devolverlo. De nuevo hace aparición un pez que se muerde la cola, pero esta vez el invertebrado amenaza con arrancársela.

En esta situación de pánico y desconfianza se emplazan las maliciosas prácticas de algunas firmas de inversión, dispuestas a aprovechar las ocasiones que brida el caos. Goldman Sachs –banco de inversión- prevenido del valor toxico que habían adquirido las hipotecas basura, siguió recomendado  a sus clientes su adquisición a la vez que aseguraba sus inversiones en AIG. En septiembre de 2008, el mismo día que quebró la firma de inversiones Lehman Brothers, los valores de AIG, la mayor aseguradora de Norteamérica, se desplomaron en el mercado un 60,8%. En pocos meses la empresa perdió el 92% de su valor en bolsa y acumuló pérdidas por valor de 18.000 millones de dólares.[] La amenaza era tan grave que  la Reserva Federal de los Estados Unidos –poco dada a intervenir en el libre mercado- nacionalizó AIG para evitar que su derrumbe arrastrase a todo el sistema financiero mundial. No ocurrió lo mismo con Lehman Brothers, al que el gobierno federal prefirió dejar quebrar y con él a sus activos por valor de 639.000 millones de dólares y su plantilla de 25.935 empleados en 61 oficinas por todo el mundo.

Arrastrando al sistema mundial: La crisis cruza el charco

A tales alturas de la vorágine, en Europa la crisis había causado tantos estragos como al otro lado del océano –al menos en términos de temor y desconfianza-. Un informe del FMI en enero de 2007 afirmaba que existían en Estados Unidos 4,2 billones de euros en bonos ligados a las hipotecas de alto riesgo, de los cuales 624.000 millones de euros pertenecían a mediados de 2006 a inversores no estadounidenses. En economía los trucos de magia –sin incluir fraudes- no existen, los activos tóxicos estaban dispersos, no desaparecidos, solo cabía descubrir qué cantidad albergaba cada banco y hasta donde les había comprometido  su voraz hambre.

La cuestión se resolvió pronto, en paralelo a las quiebras e inyecciones de EEUU, los mercados europeos sufrían idéntico proceso. El 29 de septiembre de 2008 el consorcio financiero inmobiliario alemán Hypo Real Estate –el segundo más importante de Alemania- es socorrido con un plan de ayuda de 50.000 millones de euros, el 30 de setiembre el gobierno de Irlanda decide garantizar con 400.000 millones de euros todos los depósitos de los seis mayores bancos del país, ante la desconfianza que inspira su banca,  el 7 de octubre en Islandia el primer ministro, Geir Haarde, advierte de una "bancarrota estatal" y asume el control sobre el sistema bancario.

Ante esta imparable ola de quiebras, rescates y nacionalizaciones, los mercados bursátiles se retraen asustados. El 13 de octubre se produce un crash global en las bolsas europeas, París pierde 7,7%,  Milán un 6,5%,  Fráncfort un 7%,  Londres un  8%,  Madrid un 10%, Moscú y Viene se deciden a suspender la sesión para evitar la sangría. El problema es el miedo y la sospecha, el grifo del crédito permanece cerrado y amenaza con  estrangular a otros sectores económicos si la criatura de las mil cabezas no es reducida pronto.

Los gobiernos de la UE deciden tomar la iniciativa y preparan importantes inyecciones de crédito, así como implantar, por un periodo inicial de al menos un año, una protección garantizada a los depósitos personales para los particulares por una cantidad de al menos 50.000 euros. El  13 de octubre Merkel presenta un plan de rescate de los bancos por valor de 500.000 millones de euros. Francia presenta un plan de ayuda de 360.000 millones de euros. El resto de  países de la Unión Europea también anuncian paquetes de diversa entidad, que en muchos casos suponen nacionalizaciones parciales de los bancos. En el caso de España, la teórica fortaleza del sistema financiero permite reducir las ayudas a un aval, por valor de 100.000 millones de euros, que cubra la deuda bancaria. El tiempo demostró que la exigencia seria mucho mayor.

Los días posteriores al anuncio de estos mastodónticos planes de ayuda, los índices bursátiles recuperaron el aliento, por primera vez la crisis parecía sujetada. Pero pronto el efecto se rebeló efímero, un mero calmante. Las bolsas retomaron la insostenible volatilidad, los paquetes de ayuda habían llegado demasiado tarde, Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de New York, acercó por entonces las claves sobre lo estéril de los estímulos: “Ya no funciona, los mercados ya no responden a ningún incentivo, están en un proceso imparable de liquidación de activos, se han convertido en una fuerza destructiva".    

Entonces ¿qué otra cosa cabía hacer para evitar el obstáculo en el camino? la respuesta era indigerible para la opinión pública, un insoportable sobrecoste político: poco o nada se podía hacer, estábamos de lleno atrapados en el obstáculo, ningún plan podía evitar un impacto sobre la economía real. Lo que era una certeza en los círculos académicos, se transformaba en vagos y simplistas análisis por parte de los diversos gobiernos nacionales que acompañaban de ráfagas interminables de planes de nombres cada vez más rimbombantes, que si bien podían contribuir en mayor o menor medida a mejorar la situación, su verdadero fin era desviar la atención del ardid que ningún político estaba dispuesto a asumir: se estaban poniendo tiritas sobre una pierna rota. Al menos dos años  de recesión global eran inevitables.    

Las crisis dentro de la crisis: la zona euro y la deuda soberana

La Hidra de Lerna, según la mitología griega, era una criatura similar a una serpiente. que poseía numerosas cabezas,  cada vez que una de ellas era cercenada esta era remplazada por otras dos nuevas. Además, contaba con una respiración venenosa que le hacía extremadamente peligrosa.

La actual crisis económica se ha caracterizado por ser una criatura venenosa de muchas formas, donde cada una ha ido dando  origen a la siguiente  –de la Hidra la leyenda relataba que llegaba a tener tantas cabezas que tornaba imposible la tarea de cualquier pintor que quisiera retratarla–. En la actualidad, mientras algunos países emergentes  presentan generosas previsiones  de crecimiento para 2012 y donde el mismo epicentro de la crisis, EEUU, anuncia un crecimiento del 2,5-2,9% para este año y de 3,0-3,5% para 2013 (la cifra esta actualizada según las previsiones del FMI), los países de la zona euro siguen sumidos por completo en su propia fatalidad: la crisis de la deuda soberana. 

Una crisis,  también de índole financiera, con unas consecuencias políticas y sociales  que  amenazan los  mismos cimientos del proyecto europeo común,  y que a día de hoy sigue sin encontrar una solución definitiva.  La hipotecas subprime sembraron de desconfianza el sistema financiero mundial, secando el crédito. Los gobiernos europeos, preocupados por las consecuencias del estrangulamiento, salieron al rescate de la díscola banca privada. La actual fase se resume en una cuestión ¿y ahora quien rescata al rescatador?

A principios del siglo XXI, la implantación de la moneda común exacerbó la sensación –refrendada por  cifras económicas y por la inamovible cohesión que transmitía la UE – de que no existía en todo el planeta un lugar más fiable y solido donde destinar inversiones. Los índices de bienestar social confirmaban el idílico momento que vivía el proyecto que nació tras la II Guerra Mundial  en forma de mera alianza comercial. Algunas cifras incluso permitían proclamar la hegemonía económica  mundial de la Unión Europea por encima del mismísimo gigante americano.

Los miembros de la UE, en especial los de la zona periférica,  vivían épocas de gran crecimiento, el contexto de bajos tipos de interés  facilitaba las condiciones de acceso al crédito durante el período de 2002-2008 lo que  impulsaba prácticas de préstamo y endeudamiento arriesgado.  La tentación ofrecida por esta fuente de ahorros impulsó un proceso de desregulación financiera en todos los países, lo que provocó la creación de burbujas económicas de diversa índole. En cada país se generó una burbuja que respondía a sus diferentes circunstancias –ya hemos mencionado que la burbuja inmobiliaria de EEUU provocó la crisis global-, en Irlanda los bancos irlandeses prestaron su dinero a promotores inmobiliarios -generando una burbuja de precios inmobiliarios gigantesca, en Grecia el Gobierno incrementó sus compromisos con los trabajadores públicos en la forma de sueldos y pensiones a cifras inasumibles, en España la burbuja del ladrillo venía como anillo al dedo para secundar al sector del turístico.[]

Cuando la crisis financiera de EEUU estalló, la falta de crédito a causa de la desconfianza comenzó a estallar las burbujas generadas en cada país, haciendo caer dramáticamente los índices de crecimiento y los ingresos estatales, lo que acompañado de los mastodónticos  planes de rescate, elevaron el déficit publico a cifras inasumibles. El asunto resulta paradójico, el peaje que han pagado los países por rescatar a los bancos es que ahora están tan endeudados que nadie quiere prestarles a ellos.

Conceptos como prima de riesgo –un índice que mide el sobreprecio que paga un país para financiarse en los mercados en comparación con otros países- tan recurrente en las noticias cotidianas, pueden acabar por convertirse en espesos galimatías para el ciudadano medio que se pierde en la maraña de lenguaje técnico. No hace falta alzarse tan lejos, el asunto es muy simple, los países se financiaban a través de bonos (un tipo de préstamo) a medio y largo plazo, en la actual crisis la sospecha y la desconfianza han causado que los mercados exijan un interés mucho mayor para estos “prestamos” a países como Grecia, Irlanda, Portugal o España de los que no se fían de que puedan devolver el dinero.

Todo vuelve a reducirse a un tema de confianza. En octubre de 2009, la llegada a la presidencia griega de  George Papandreou precipito el anuncio de que el país tenía un déficit de 12,5% en lugar del 3,7% que había anunciado el gobierno precedente, además reveló que se había disfrazado el verdadero tamaño de sus deudas ante la Comisión Europea ¡desde hacía 10 años! Grecia estaba a años luz de los límites de endeudamiento fijados por el Pacto de estabilidad y crecimiento para los miembros de la Unión Europea. La impoluta y fiable UE quedaba herida en su mayor valor, la transparencia y la cohesión.

Los rescates a Grecia primero, Irlanda después y Portugal finalmente se han ido sucediendo –de hecho en el caso de Grecia van por el segundo, y Portugal está amenazada de ello- . Los países no pueden financiarse a través de bonos, los intereses que les exigían los mercados les resultan inasumibles, así que requieren inyecciones de crédito del BCE. Aunque países como España o Italia no han requerido aun ser rescatados, los excesivos intereses que les exigen los mercados hacen sobrevolar la posibilidad cada poco tiempo para deleite de especuladores varios.

De la robustez  al caos de las cajas de ahorro: La crisis financiera en España

“España es la línea roja, el límite que no se puede pasar. España es el tema que verdaderamente importa, el 10% del PIB de la zona euro”, manifestaba hace un año ,Jim O'Neill,  presidente de Goldman Sachs Gestion de activos -es decir uno de los pirómanos que causaron la crisis- al respecto de un eventual rescate de España. Por su peso en el PIB global de la UE,  tanto Italia como España, supondrían en caso de colapso la casi  segura desaparición de la UE tal y como la conocemos hoy en día. Un panorama tan aterrador que nadie se atreve a estimar lo que supondría en cifras y consecuencias sociopolíticas.

La trayectoria y reacción del sistema financiero español ha sido muy distinta a la del resto de Europa. Cuando en octubre de 2008 los principales bancos del mundo reclamaban ayudadas estatales para asegurar su viabilidad, el BBVA y el Santander se aprovecharon del rio revuelto para ampliar su presencia en mercados claves de Reino Unido, EEUU y Brasil. Mientras Alemania, Inglaterra y Francia aprobaban nacionalizaciones parciales de la banca, en España la banca se conformaba con que el gobierno de Zapatero avalara parte de su deuda por valor de 100.000 millones de euros. Y sin embargo, a pesar de que nuestros principales bancos han seguido presentando holgados beneficios cada año, en las pruebas de resistencia efectuadas por el Autoridad Bancaria Europea (la EBA) cinco de los ocho suspensos han sido de entidades españolas -4 cajas (CatalunyaCaixa, Unnim, la CAM y el Grupo Caja 3) y un banco comercial (Banco Pastor) no consiguieron superar los mínimos exigidos-.

El panorama es contradictorio y supone muchas preguntas ¿Qué tiene de diferente nuestro sistema financiero  respecto al resto de Europa? ¿Era oro todo lo que relucía? ¿Cómo es posible que mientras nuestros principales bancos presentan enormes beneficios, nuestras cajas muestren debilidad? ¿Esta nuestro sistema financiero amenazado?

A finales de 2008, los bancos españoles soportaban estoicamente la tempestad, sin apenas hipotecas ‘subprime’ ni activos tóxicos en su balance –aun así la Reserva Federal de EEUU inyectó 8.000 millones a Santander y BBVA en su plan de ayuda a la banca-, con unas tasas de cobertura fundamentadas en amplias provisiones genéricas, su buena previsión les permitía afrontar ambiciosas políticas de expansión y diversificación en los mercados internacionales. A nadie le extraño que el Santander consiguiera completar antes de final de año la absorción del Sovereign Bank, una importante entidad del norte de EEUU con 90.000 millones de dólares en activos y 750 sucursales, que junto  a la adquisición de la red de oficinas de Bradford & Bingley (Reino unido) le permitieron convertirse con 8.876 millones de euros de beneficio en el tercer banco del mundo por resultados.

Por su parte el BBVA inició el sólido empeño de crear una franquicia unificada en EEUU a través de la compra de varios bancos claves, entre ellos el Texas State Bank –integrado en septiembre de 2008-, y el  LNB (antes Laredo National Bank). Mauro Guillen, sociólogo de la Yale University, descifra las claves de la supuesta inmunidad  de los bancos españoles: “Son bancos fuertes que se han beneficiado de posibles compras en un momento en el que los precios de los activos bancarios son muy bajos. Son sólidos y están bien capitalizados y supervisados por el Banco de España”

A pesar de la valiente política de expansión, ni el Santander ni el BBVA  consiguieron salvarse del desplome de las cotizaciones bursátiles a finales de 2008. El primero calló un 51,1%, pasando de los 13,79 euros por acción al terminar 2007 a los 6,75 euros por título en la última cotización de 2008. El BBVA, perdió un 48,3%, pasando de los 16,76 euros por acción a los 8,66 euros en el mismo periodo. No obstante, las fuertes caídas bursátiles no impidieron que se convirtieran en los bancos europeos que menores descensos padecieron, sólo superados por el británico HSBC, que perdió solo un 21,4%

El excepcional estado de forma de nuestros dos principales bancos privados quedó retratado –desde el punto de vista mediático- en la firma de sendos acuerdos de patrocinio de competiciones deportivas de alto nivel. El BBVA firmó en 2008 un acuerdo con la federación española de futbol para patrocinar la competición nacional –la primera división recibe la designación del nombre del banco-, y desde  2010 patrocina a la NBA como banco oficial en Estados Unidos –acuerdo por 100 millones de dólares-.  El banco Santander tampoco quiso ser menos, a través de una potente inversión en la Fórmula 1, desde hace dos años es el patrocinador principal de cuatro de los Grandes Premios más importantes de la Fórmula 1 (Italia, Reino Unido, Alemania y España), y con amplia presencia en los de Europa y Brasil.
Los dos grandes bancos rivalizan, incluso, por hacerse con los patrocinios deportivos de mayor relumbron

¿Cómo es posible entonces que en las pruebas de resistencia, la banca española recibiera cinco de los ocho suspensos? La repuesta marcha por dos vertientes. Primero habría que diferenciar que si bien nuestra banca comercial por su diversificación geográfica –la gran parte de los beneficios de estos últimos años vienen de sus filiales fuera de España- ha podido eludir la crisis financiera, no le ha ocurrido lo mismo a nuestra banca media (cajas y pequeños bancos) que se ha visto gravemente expuesta ante el estallido de la burbuja inmobiliaria. Manuel Romera, profesor del IE Business School, profundiza sobre la brecha entre la gran banca española y la mediana: “Los grandes bancos pueden minimizar riesgos, sin embargo hay otros bancos y cajas españolas que dependen demasiado de España y, con ello, de su gran riesgo inmobiliario en el impago de hipotecas y de financiación al consumo”.

La otra razón se sitúa en algo muy mencionado en este artículo: la desconfianza. En las pruebas de resistencia bancaria se establece la salud de los bancos a través de técnicas de simulación que determinen la estabilidad de las entidades. Se trata de meras simulaciones, realizadas con el fin  de demostrar transparencia. España presento 25 entidades –más que ningún país- con la intención de lanzar el mensaje de que su sistema financiero seguía siendo solvente –de hecho a pesar de los cinco suspensos, en el cómputo se obtuvo un notable y no fue necesario recapitalizar  ninguna entidad-. Y es que el problema de España nace del recelo a que sus datos no sean más que artificios. “Parte del problema está en que las autoridades han sido poco transparentes respecto a la situación real de las cajas, y eso parece que está mejorando ahora, aunque tampoco es perfecto y debería acelerarse”, manifestó recientemente Jim O'Neill,  presidente de Goldman Sachs.

El epicentro del problema español: las cajas de ahorro

Las cajas de ahorro españolas por su vinculación con los diversos gobiernos autonómicos, asumieron operaciones de dudosa rentabilidad y elevado riesgo en el contexto del negocio inmobiliario. A pesar de no contar con activos tóxicos de las hipotecas suprime, la sequia del crédito mundial les golpeo de lleno provocando el estallido de la burbuja del sector de la construcción española. En total, el sector inmobiliario adeudaba, según una estimación de 2010, un importe aproximado de 325.000 millones de euros a las entidades financieras, la mitad del cual está asociado a la compra de suelo. Tal cifra, añadido al impago masivo de las hipotecas,  ha  asfixiado al sistema financiero español hasta el punto de requerir  importantes recapitalizaciones que cubran los activos “tóxicos”.

No es que todas las cajas se comportaran imprudentemente, muchas intuyendo la explosión de la burbuja inmobiliaria decidieron que ya habían ganado suficiente, que era momento de vender su participación inmobiliaria. El Sabadell por ejemplo, en el año 2006,  vendió el grupo Astroc -un grupo inmobiliario bajo su proyección- por la cifra de 987 millones de euros. No obstante, con vender sus grupos inmobiliarios, las entidades no pudieron desligarse por completo del negocio, pues habían financiado a  constructoras y habían concedido préstamos con garantías de baja calidad.

En un primer momento, a  razón de los mismos fondos de previsión que han permitido al BBVA y al Santander acometer sus políticas de expansión –el Banco de España hizo bien su trabajo de regulación-, las cajas de ahorros pudieron soportar los altos índices de morosidad sin alcanzar el colapso. Sin embargo las “provisiones” no han podido sostener mucho más la situación, si en el 2008 el sistema bancario español se distanciaba del resto de Europa al no necesitar acceder a paquetes de estimulo de gran magnitud, en la actualidad  las cajas llevan a cabo, desde hace dos años, radicales procesos de restructuración que exigen importes aportaciones de las arcas del estado.

Las dificultades para financiarse de España -la elevada prima de riesgo-, proceden de que los mercados no alcanzan a calcular el precio definitivo de la recapitalización completa de las cajas de ahorro y del resto de la banca mediana. La gente no se cree los datos oficiales de la deuda española.  Aunque tenemos un nivel de deuda pública bajo en comparación con otras economías avanzadas - 53% del PIB en 2010, más de 20 puntos menos que Alemania, Francia o Estados Unidos-, muchos fondos de alto riesgo creen que la cifra real es, al menos, dos veces superior a la oficial porque asumen que, tarde o temprano,  parte de la deuda privada deberá ser asumida por el sector público.

Y eso es lo que en cubierta pretende el proyecto de restructuración bancaria iniciado en el 2009 por el gobierno socialista. Un proceso forzado de concentración de cajas que ha permitido pasar en solo un año de 45 cajas a  15, y que podría verse aun más reducido si el recién elegido gobierno de Rajoy inicia  una nueva oleada aun más profunda –así se lo recomienda algunos analistas financieros-.

Esta primera ola de fusiones ha sido coordinada desde el FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria), dotado con un capital inicial de 9.000 millones de euros con capacidad para endeudarse de hasta 10 veces este capital, a cuenta de las arcas del estado español. Tras evaluar la situación económico-financiera de las entidades, el FROB recomienda la solución más adecuada para reestructurar su capital, a través de fusiones o absorciones con otras cajas. En cualquier caso, el proceso que se decide requiere, o bien la bancarización –buscar inversores privados-, o bien acceder a dinero del mencionado  Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria para acometer la recapitalización de parte de las entidades.

 En los casos de extremada gravedad, problemas de liquidez inmediata, el Banco de España ha tenido que proceder a la intervención de las entidades, acogiéndose a este fondo especial. De hecho la puesta en marcha de esta reforma fue precipitada por la nacionalización en marzo de 2009  de Caja Castilla-La Mancha. Sin embargo, la manchega no ha sido la única caja intervenida, ni parece que será la última. Asumiendo el impacto mediático que  conllevan estas nacionalizaciones –en la actual tendencia neoliberal, el propio termino de nacionalización se asocia erróneamente al típico  aspaviento de republica bananera-,  varias entidades no han tenido más remedio que ceder el control al Banco de España, entre ellas: CajaSur,  Caja Mediterráneo (CAM) y Novacaixagalicia (tras una fusión previa de Caixa Catalunya y Unnim).

Según el gobierno saliente, el proceso de fusiones ha desembocado en un satisfactorio ejercicio de transparencia, hemos sacado la basura y la hemos colocado en su respectiva bolsa –que se lo digan a Bankia (resultado de la fusión fría de Caja Madrid, Bancaja, La Caja de Canarias, Caixa Laietana, Caja de La Rioja, Caja Ávila y Caja Segovia) que ha creado un “banco malo” donde ha colocado sus activos tóxicos-. Sin embargo son muchos los claroscuros que deja la restructuración, empezando por el coste que está suponiendo para el ciudadano –tanto económico como social-, así como la incógnita de si será necesaria una segunda oleada de fusiones. Para comprender las consecuencias de la reforma hay que entender primero el rol y la función de este tipo de entidades.
Esquema de las fusiones producidas de 2009 a 2010

Las cajas de ahorro, en los términos establecidos por la legislación española, son entidades de crédito que no pueden generar beneficios –lo cual no evita que los sueldos de sus directivos sean equiparables al de los bancos- con una finalidad social registrada en el Real Decreto Ley 11/2010. En teoría su función social esta canalizada en la exigencia de centrar su negocio en la financiación de las familias y de las pequeñas y medianas empresas, es decir facilitar el crédito a la economía más cotidiana.

Si su público recomendado son las familias y las pequeñas empresas, si no tienen ánimo de lucro, ni  poseen accionistas ni pueden repartir dividendos, ¿por qué se han visto envueltos en las arriesgadas operaciones de la construcción? La razón esta, en que a pesar de sus peculiaridades, se trata de entidades obligadas a actuar bajo criterios puros de mercado para poder ser competitivos, y para ello terminan por asumir los mismos riesgos que las entidades comerciales. La solución más obvia seria que sacrificaran su competitividad en pro de su proyección social, lo cual conllevaría dejar de  lado las codiciosas practicas de la banca privada.

Pero nadie parece por la labor de tal acción. Al contrario, las cajas cada vez más subordinadas a las exigencias del mercado, desvirtúan su verdadero rol hasta reducirlo a un esbozo. Un ejemplo muy descarado y mediático –por otra parte muy habitual- fue el que protagonizó Caja Madrid en  2009,  cuando en medio de la sequia de préstamos  concedió un crédito de 152 millones al club de futbol Real Madrid, empresa que no puede ser catalogada precisamente de pequeño empresario o de humilde ahorrador.

Por otra parte las cajas de ahorro completan, aunque en la mayoría se reduce a esta labor, su proyección social con el desarrollo de las respectivas Obras sociales. A  diferencia de otras entidades de crédito, las cajas están obligadas a destinar un porcentaje de sus beneficios a su obra social, así parte de los beneficios obtenidos revierten en proyectos de integración social, becas, actividades culturales, conservación del patrimonio histórico y artístico nacional. De esta forma cada entidad desarrolla las iniciativas sociales y culturales que su Consejo de administración decide, dando prioridad a aquellas focalizadas en su ámbito territorial.

La implantación de la reforma financiera sembró de incógnitas el futuro de las obras sociales, lo que parecía claro es que acompañando a la reducción de la inversión de los últimos años -un descenso del 17,7% de 2009 a 2010-, las fusiones de cajas lo primero que iban a conllevar es la diminución o perdida de la diversificación territorial que suponía su más valiosa característica. Sin embargo, el panorama se ha revelado aun más desolador de lo que cabía esperar, las fusiones suponen, en muchos casos, la bancarización de parte del capital de las cajas de ahorro –búsqueda de inversores privados-  es decir la entrada de  accionistas  que reclaman beneficios  en porcentajes que van del 20% al 30%. Este reparto de beneficios implica una disminución proporcional de la obra social. Cuando el nuevo accionista es el FROB –si se inclinan por acceder a fondos públicos en vez de buscar capital privado- la situación es mucho peor, pues los beneficios, casi al completo, van dirigidos a la devolución de la aportación.

Afortunadamente en el caso de La Caixa, ejemplo internacional por su prolífica labor cultural, y las cajas vascas van a poder seguir con un modelo muy parecido al actual, aunque con una disminución apreciable de presupuesto. El resto de las obras sociales deberán repensar su futuro si quieren seguir existiendo, en muchos casos tendrán que recurrir a la financiación mixta de las actividades, lo que se traduce en que se autorizaran proyectos en función de su rentabilidad, una estocada a la esencia de estas obras.

La otra gran característica de las cajas de ahorro es su fuerte raíz local y su íntima relación con los gobiernos autonómicos. La Asamblea General  –quien toman las decisiones- está formada en un 40% por las Corporaciones Municipales en cuyo término tenga abierta oficina la entidad,  44% por los impositores de la caja; 11% por las personas fundadoras de la caja y 5% por los representantes de los empleados trabajadores en la caja. El núcleo de decisiones corre a cargo de consejeros elegidos por los gobiernos autonómicos, lo que significa que las cajas se ven arrastradas a  las mismas temerarias y desastrosas gestiones que ellos predican.

Las cajas asumieron el negocio de la construcción de la mano de los gobiernos locales, embarrándose en la misma corrupción y abonados a los mismos riesgos excesivos. Los ejemplos de catastróficas administraciones –en mayor proporción en las zonas con exposición al sector inmobiliario- abundan por toda nuestra geografía, pero si hay un caso especialmente ilustrativo es el de la CAM.

El pasado julio, la Caja el Mediterráneo (CAM) fue intervenido por el BdE ante sus acuciantes problemas de solvencia y liquidez. Su nacionalización puso  punto final a una historia de excesos y corrupción. Desde el año 2000, la CAM concentró todo su afán en multiplicar su volumen de negocio a costa de una potente apuesta por el negocio del ladrillo -en  solo tres años (2003 a 2005) duplicó su tamaño hasta convertirse en la cuarta caja del país por volumen de activos-. Del total de créditos que concedió en la última década, el 30% fue a parar al sector de la construcción o derivados. Algunas de estas inversiones, tenían un riesgo tan alto que el Banco de España desaconsejó en varias ocasiones su implicación: en 2009 -cuando los mercados ya atravesaban turbulencias- la CAM se hizo –a pesar de las advertencias del BdE- con la hipotecaria mexicana Crédito Inmobiliario, previo pago de cerca 300 millones de euros.

Acompañando su temeraria expansión, la caja se permitió los excesos de financiar grandes e insolventes inversiones,  como el parque temático Terra Mítica, que 11 años después el balance del parque se resume en sus 70 millones de deuda, que respondían meramente a  decisiones políticas del gobierno autonómico valenciano.

Riesgos, expansión descontrolada, irresponsabilidad política, términos muy afines a la  burbuja inmobiliaria,  junto a los cuales no podría nunca faltar la corrupción y el desfalco. Entre  2004 y 2010, la CAM  concedió  préstamos en condiciones favorables a consejeros y miembros del consejo de administración del banco. Algunos créditos se llegaron a autorizar a un 0% de interés. Un total de 161 millones fueron repartidos en avales o garantías personales a través de empresas que controlaban e incluso de familiares en primer grado.

La reforma financiera, la actual y la que pudiera acometer el PP en un futuro, tiene la función de sacar a la luz la deuda real de las cajas de ahorro. Los mercados desconfían de la cifra oficial del déficit español, pues entienden que eventualmente parte de la deuda privada deberá ser asumida por el sector público. En la coyuntura actual, el Banco de España lo que está haciendo es asumir paulatinamente la deuda privada de la banca.

¿Cuál será el precio final? los ciudadanos, con nuestros impuestos, estamos pagando los excesos de la banca, a base de una recapitalización que no es sino sanear su deuda a costa de las arcas del estado. Todo con el fin último de recobrar el crédito para comenzar a regar la economía real. Sin embargo, a pesar de todo el capital destinado, aun no parece haber atisbos de que el grifo vaya a abrirse a corto plazo. Los bancos y las cajas aceptan encantados el rescate, lo que llevan peor es devolver el “favor”.

Si bien todos los analistas económicos están de acuerdo en que esta crisis mundial es producto de la excesiva desregularización financiera, lo cierto es gran parte de las medidas para solaparla están yendo en el sentido contrario. El proceso de restructuración de las cajas españolas es una iniciativa de corte neoliberal, ya que implica la bancarización –la inclusión de accionistas privados- en parte de las entidades. Se trata además de una operación que no contempla solucionar las fisuras que han permitido descalabros del tipo de los causados por  Caja Mediterráneo.

Desde hace diez años el papel social de las cajas ha quedado reducido a un burdo y desdibujado esbozo, donde  las exigencias del mercado han diluido la exigencia de priorizar el negocio hacia los pequeños ahorradores y las familias. Sin embargo, en vez de aprovechar la restructuración bancaria para rectificar las malas prácticas, se ha preferido recurrir a  recetas aun más desreguladoras. La bancarización de parte de las cajas pone en jaque el eficiente y exitoso modelo de patrocinio social y cultural llevado a cabo por las Obras sociales. Las reformas financieras proyectadas están dejando escapar la ocasión de revertir algunos de los  vicios que nos han sumergido en esta crisis.

Los pirómanos financieros han alimentado el fuego hasta que se ha descontrolado. Ahora el ardid que nos quieren imponer, es que la única solución para apagar el fuego es echar aun más fuego.

César Cervera Moreno

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada